El roadtrip

Es muy común que sea diciembre y que mi familia, mi esposo, hijos y yo, aún no tengamos un plan para las vacaciones de Año Nuevo.  Soy una persona bastante relajada y suelo adaptarme a cualquier situación, pero de vez en cuando me gustaría tener este tipo de cosas planificadas.  Digo, todos los años nos vamos de vacaciones del 26 de diciembre al primer día hábil de enero, es algo que damos por hecho porque ya sabemos que va a suceder, ¿qué onda entonces con no tener plan nunca?  Y es así como siempre salen los roadtrips de última hora.

A mi esposo, un cavernícola de corazón, boyscout apasionado e ingeniero hecho y derecho, le parece fascinante el término “aventura”.  Creo que intencionalmente deja el plan a última hora para así agregarle más adrenalina a lo que salga de último momento.Le fascina salir a explorar y si eso significa viajar 14 horas en carro, pasar por 3 fronteras, dormir en hotelitos que apenas tienen agua, para llegar al paraíso pues “so be it“.  Y es así como estos últimos años hemos conocido muchos lugares lindos.

Con toda honestidad, me los gozo.  Estoy segura que es algo que todos en la familia disfrutamos.  Por lo general llevamos buena música, un ipad para los niños, comida, bebidas y mucha paciencia.  Hemos hecho viajes donde vamos realizando paradas constantes y otros donde nos hemos hechado las 14 horas de trayecto sin parar.

Nos hemos ido de roadtrip desde que somos novios.  Y, durante esos cortos siete meses de noviazgo, puedo decir que recorrí Guate en tiempo récord.  Atitlán, Rio Dulce, Monterrico y la Antigua eran los destinos típicos de fin de semana, pero nuestros roadtrips han incluído: la sierra de los Cuchumatanes, el municipio de Todos Santos también en los Cuchumatanes, la Laguna Magdalena, Yaxcha, el rio La Pasión, Chiminos, Aguateca, Candelaria, Cobán, Semuc Champey, Lanquin, el volcán Acatenango, por mencionarles algunos de los que me vienen a la mente en este momento.

La única vez que mi cavernícola me engañó con un viaje más planificado y glamuroso fue para nuestra luna de miel (siempre bromeamos que “me engañó”).

Hoy, como familia, hemos acostumbrado a nuestros niños a viajar largas horas en el carro.  El chiquito solo tiene 11 meses de edad pero ya ha ido de Guate a Rio Dulce (4hrs), de Guate a Atitlán (una vez hicimos como 6hrs), de Miami a Orlando (4hrs).

Este año será otro igual a los demás… iremos en carro a una playa.  Les cuento en otro post cuánto tiempo nos tomó llegar y por dónde paramos.  Aún así con toda la improvisación y espontaneidad, me encanta saber que como padres de familia estamos dejándole a nuestros hijos momentos tan especiales y únicos que atesoraran por el resto de sus vidas.

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