El Secreto

Muchas veces recibo comentarios como “qué suerte tuviste de escoger una carrera que te gustaba” o “ qué suerte haber sabido a tan temprana edad lo que querías hacer como profesional”.

Entiendo perfecto de dónde vienen esos comentarios.  A los cortos 18 años de edad tomamos el rumbo de lo que nos va a definir como profesionales y como personas.  Esa es la expectativa de ese momento crítico en la vida: saber qué se quiere ser el resto la vida para ser útil a la sociedad y poder ser independiente.  Algunos deciden ser médicos, otros ingenieros, otros chefs de artes culinarias, arquitectos, diseñadores, antropólogos y un sinfín de oficios más.  Yo escogí estudiar gemología y joyería.

Siempre me gustaron las artes manuales, sentía el deseo de crear, pintar, hacer y deshacer.  Por otro lado, siempre me gustó la moda, lo femenino, los detalles, el glamour.  Estudiar joyería parecía ser lo mas adecuado para mi personalidad.  Mi mamá me apoyaba al cien por ciento y una profesora de quinto curso nos hizo proyectarnos y escribir de cómo nos veíamos en el futuro.  Y fue en ese momento que tomé la decisión, una decisión que iba a definir el resto de mi vida y que, con toda sinceridad, puedo decir que no fue para nada fácil.

Investigué dónde sería el lugar más adecuado para estudiar lo que quería, busqué casos exitosos, la familia Novo de la joyería Papidú me recibió con entusiasmo y cariño al ver que había una niña a la que le llamaba la atención el mundo en que ellos vivían.  Ellos me mostraron con apertura sus operaciones, las cuales manejaban con todo el profesionalismo que requiere ese tipo de trabajo.  Lilly Hastedt, una diseñadora de joyas guatemalteca en Londres, aceptó hablar conmigo por teléfono.  Durante esa llamada, ella me compartió su experiencia y, de alguna forma, me influyó y guió por este fascinante mundo de las joyas.

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Mi tía y abuelita, quienes fueron mi mayor inspiración para seguir el camino de la joyería, me decían que aprovechara la oportunidad. Todo parecía indicar que sería un camino mágico y así lo ha sido, pero como todo camino, ha sido largo, ha tenido subidas y bajadas, curvas y rectas, piedras por donde me he tropezado y, con mucha fuerza, me he levantado para seguir adelante.

Hubo momentos donde trabajaba y estudiaba full time.  Eso quiere decir que cinco días de la semana (incluyendo sábados y domingos) trabajaba entre 8 o 9 horas diarias, mientras que el resto de los días iba a la universidad de sol a sol para sacar un titulo universitario que yo me había propuesto a sacar después de haber estudiado mi carrera inicial de joyería.

Fueron momentos desgastantes, tan desgastantes que ya quería tirar la toalla (mi mamá y esposo son testigos).  Cuando regresé a Guatemala, después de vivir 7 años fuera estudiando y trabajando, no quería dedicarme en nada que se asemejara a la joyería.  Fui a varias entrevistas de trabajo que no tenían nada que ver con joyería, pero seguramente mi perfil no era el adecuado, ya que mi experiencia era, en su totalidad, en joyería.

La presión de encontrar trabajo en mi casa crecía, entonces acepté una propuesta en un centro de joyería y taller de una familia muy linda que me abrió sus puertas a lo mas íntimo y suyo.  Estuve ahí un año completo, pero algo no me llenaba.  Mi esposo fue quien me empujó a que yo abriera “mi propia joyería”.  Y así comenzó todo, juntos, como marido y mujer, apoyándonos el uno al otro.

Cuento todo esto para llegar al secreto y es que acabo de leer un artículo donde el autor decía en su última oración: “It´s about teaching kids to imagine and commit to a future they want to create.”  Es aquí donde esta la clave de todo: COMPROMISO.

Comprometerse con las decisiones que uno toma y “make the best out of it” , o sea, dar lo mejor de sí sobre esa decisión. No importa si uno se da cuenta que algo realmente no le hace feliz o no era lo que imaginaba y decide cambiar de rumbo, lo importante es comprometerse, con amor y de todo corazón, con lo que uno escoge.  Solo así se alcanza el éxito en lo que uno se propone.

Parte de mi éxito se lo debo a mi mamá, quien nunca dejó que me quedara en mi casa sin nada que hacer, y a mi esposo, quien creyó en mi y en mis talentos, y también a la vida, que cuasi me obligó a continuar en el camino que había escogido.  En ese sentido, sí he tenido suerte, sobretodo de tener personas maravillosas que me han encaminado e influenciado.

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Así me imaginé cuando a los 17 años me comprometí con mi decisión de estudiar joyería.  Me imaginé en mi propia joyería, detrás de un mostrador, vestida de jeans y t-shirt blanca, según yo muy casual y chic.  Me recuerdo haberla imaginado en La Pradera, EL centro comercial del momento… Hoy no estoy ni en La Pradera ni es permitido en el código de vestimenta usar jeans ni t-shirt blanca en la sala de ventas… pero así me imaginé.

Así que no me queda más que animarlos a que imaginen, sueñen y, sobretodo, a que se comprometan con sus ideas.

4 comentarios sobre “El Secreto

  1. Me encanto, vivo en Alemania y siempre he sido esceptica de comprar joyas (especialmente diamantes) en Guatemala. Despues de leer este blog (se vende etica), ten por seguro que en mi proxima visita pasare confiada por tu tienda. Felicidades por lo pilas !!

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