El subibaja

Es 24 de enero, hace cuatro días cumplí un año de haber dado a luz a mi tercer bebé.  Juré y perjuré que esta vez, no me iba a dejar.  ¿A qué me refiero? Toda mi vida fui flaca, muy flaca, hasta era un target para la burla.  Un primo me decía que no me quitara un arete porque me iba a ir de lado.  En el colegio un niño más grande me decía que parecía hisopo sucio porque era un palito con la cabeza amarilla (era rubia).

Sí, yo era flaca y rubia… el sueño de cualquiera, ¿cierto?  Pero muchos me molestaban.  La verdad nunca me afectaron mucho esas burlas, de hecho, me daban risa.  Estoy segura que no lo mostraba porque no tenía la madurez para reírme de mí misma, pero deep inside no siento me hayan afligido.  Sin embargo, les confieso que llegó un punto en mi vida, por ahí de los 16 años, en donde me hubiese gustado tener más curvas.  Quería tener más busto y curvas hacia los lados. La curva de atrás nunca me hizo falta, ¡es más!, me acabo de recordar de otra burla, me decían sompopo.

En fin, las burlas siempre han existido y siempre van a existir, pero regresemos al tema original.  Yo estaba acostumbrada a ser flaca, era parte de mí y, tristemente, I took it for granted… always.  En la Universidad, cuando tenía dinero para hacer super, me compraba todos mis antojos.  Entre ellos estaba desayunar eggo waffles con mantequilla, nutella, whipped cream y miel de maple.  Me comía dos.  Me recuerdo perfecto las miradas atónitas de mis roomates y después me preguntaban “¿ESO TE VAS A COMER?”.  Yo me reía y felizmente me comía mis waffles en menos de cinco minutos y sin mayor remordimiento. Esa era yo… flaca y rubia.

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Pasaron los años, me casé y tuve a mi primera bebé.  Pensé que esto de ser flaca estaba escrito en las estrellas, era mi destino, era lo que había en el universo para mí. En el embarazo, sin mayor esfuerzo ni preocupación, aumenté las 18-20 libras que tenía que haber aumentado.  La verdad no ponía mucha atención al peso, pero para las que ya han estado en esos zapatos, saben que 18 libras no es mucho para un embarazo.  Tuve a la criatura y, sin mayor esfuerzo, había subido el mínimo.  Pensé que si subí el mínimo sin esfuerzo, pues sin esfuerzo se irían las libritas de más.

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¡Oh sorpresa!  Nueve meses después veo una foto y veo a una Cristina que nunca había visto antes, una Cristina que tenía las libras de más pero bien parejas por todo el cuerpo. Tenía piernas, nalgas, caderas, panza, busto, brazos, cuello, cara, ¡era todo un bollito!  Yo me engordo parejo, empieza una metamorfosis y ocurre sin piedad y sin escrúpulos.

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9 meses post parto de mi primera bebé

Entonces fue allí donde, por primera vez, supe lo que era hacer una dieta.  Pasé 40 días a pura proteína, ejercicio, masajes reductores y the works.  Al final, llegué a mi peso ideal. Esa misma semana que ya estaba como Cristina, la flaca y rubia, quedé embarazada de mi segunda bebe.  Desde entonces mi peso ha sido todo un subibaja, como lo son las montañas rusas. La gente me ve y me dice “qué flaca estas”.  Claro que me agrada que me lo digan, pero nunca antes me lo habían dicho ya que siempre fui flaca.  Es en ese momento cuando me pregunto: “¿y cuándo me convertí en gorda?”.  Entre la edad y la maternidad, esas dos no tienen piedad de uno.  Tuve a mi tercer hijo, durante el embarazo hice ejercicio (algo que no hice en mis otros dos embarazos) y, a los 40 días, estaba de vuelta al régimen: hacía ejercicio de tres a cuatro veces por semana, iba a la nutricionista y comía balanceado para “no dejarme”.

Busco un balance y pareciera como si no logro encontrarlo. No quiero ser neurótica del peso, pero tampoco quiero descuidarme, y ¡qué línea tan delgada estoy por cruzar!  Me siento como un elefante sobre una tela de araña, un subibaja de números en la pesa.  Me pregunto entonces, ¿será este mi destino? Hoy, 24 de enero, aquí estoy tratando de no dejarme. Me encuentro en el desafío de bajar esas libras que hicieron que los números de la pesa aumentaran porque en el camino se me atravesó la magdalena de Cookie Shop, donas de Dunkin o de Dixie, unos croissants de nutella de la San Martin y cuanta piñata invitaron a mis hijos.  También se han atravesado un par de gin´s & tonic´s, vinos rosados, blancos o el color que me ofrezcan.

Es un subibaja, sube y baja, siete libras para ser exactos, las siete de Diciembre, las siete de Semana Santa, las siete del viaje y de la vacación… ¿Y me pregunto, será posible que así será de ahora en adelante?  Y mi conclusión es que SÍ, es una decisión que hay que tomar todos los días, no hay una pastilla mágica, no existe una poción secreta, no es suerte ni buena genética.  Está en uno no dejarse, esta en uno buscar un balance, esta en uno decidir si se mantiene en un subibaja o de una vez se deja ir.  En lo personal prefiero el subibaja así que animo a todos los que nos encontramos tratando de bajar para volver a subir.

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SUBE
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BAJA

 

 

 

2 comentarios sobre “El subibaja

  1. Such a lovely piece that we as women can all relate to, skinny and overweight you touched us all. Cris so proud of your amazing abilities! Whatever weight you are, have been, will be, etc. Does not matter because you radiate beauty from within which surpasses any physical beauty. You have also been blessed with that too! 😉 Love you babe! Xo

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