Una flor para toda la vida

Las flores siempre han sido parte de mi vida. Desde que tengo memoria me han cautivado, ya sea por su forma o por sus colores. Me alegran la vida e iluminan todos mis días. Es por eso que nunca pueden faltar flores en mi casa, ya sean rosas blancas y color labio de mujer u orquídeas de color blanco y fucsia.

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No sé con certeza cuál es la razón de esa fascinación, pero estoy segura que no soy la única mujer que se siente así respecto a las flores. Pienso que todas las mujeres de este mundo guardamos en nuestro corazón ese momento tan especial en que recibimos nuestro primer ramo de rosas o ese detallito de una sola flor que nos tomó por sorpresa a muchas.

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En mi caso, me llena el alma cuando alguien me regala flores. Guardo con cariño esos momentos porque revivo ocasiones especiales: la primera cita, un recital de ballet, mi boda, aniversarios, cumpleaños, o simplemente un día ordinario que se transformó en algo totalmente extraordinario. Es más, hay uno en particular que recuerdo con mucho cariño. Hace unos años, en un día totalmente ordinario, mi esposo (novio en aquél momento) me sorprendió con un ramo de rosas rojas en el lugar donde yo trabajaba en ese momento. Como no era una fecha especial, me puse de mil colores y le pregunté con pena “¿y eso?”, a lo que él me contestó “te las traigo porque me quiero casar contigo”. Tiempo después me sorprendió con el anillo más lindo que me pudo haber dado y decidimos casarnos.

Todas tenemos alguna anécdota así de especial. Y es que, al final, es allí dónde nace esa conexión tan especial entre las flores y las mujeres. Tiene que ver con nuestra feminidad, con nuestro romanticismo, con nuestra delicadeza y con nuestra suavidad y ternura. Las mujeres estamos llenas de vida, como un flor, y tenemos una fuerza muy grande dentro, que nos arraiga en la tierra y nos hace sentir únicas. Por eso mismo, las flores reflejan nuestra personalidad, nos mueven los sentimientos y, para algunas como yo, nos inspiran.

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Como gemóloga y diseñadora de joyas, las flores han sido una parte muy importante de mi trabajo, ya que la mayoría de mis diseños están inspirados en ellas, por lo que mis piezas son bastante orgánicas. Sus colores, en tonalidades ya sea pasteles o un poco más fuertes, y sus formas tan atractivas hacen que las queramos guardar, exhibir en nuestra casa o bien llevar puestas en nuestra ropa y ¿por qué no? en nuestras joyas. Por eso, me he dedicado a tratar de transformar piedras preciosas y diferentes metales, para así reflejar aunque sea una milésima parte de la belleza de una flor en una joya.

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Como diseñadora y como mujer, pienso que las flores y las joyas son una combinación perfecta. Juntas forman piezas que son obras de arte, diferentes piedras y diferentes formas que al final terminan formando unos aretes divinos o un collar espectacular. Una joya así es un elemento que le agrega a nuestro outfit un toque delicado y diferente. Una joya así, se convierte en una flor que no se marchita y que podremos admirar toda la vida.

Escribiendo porque sí y con mucho cariño,

Cris

 

2 comentarios sobre “Una flor para toda la vida

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