El sol de la casa

Mi segunda hija me tomó por sorpresa. Mi hija mayor todavía era una bebé cuando yo me enteré que estaba embarazada. Después de mi primer embarazo tuve una pequeña complicación post parto. Los doctores me habían dicho que tenía una alta probabilidad de no poder volver a tener bebés, así que ¡fue una total alegría la noticia de mi segundo embarazo! Sin embargo, al principio, me preocupó mucho todo el tema de la maternidad y cómo iba a lograr atender a mis dos hijas al mismo tiempo. Afortunadamente pude. El tiempo pasó y de nuevo Dios me dio el regalo y bendición de convertirme en mamá por tercera vez. Fue en ese momento en que mi chiquita, se convirtió en mi hija de en medio.

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Aunque para mí todos mis embarazos han sido difíciles, yo ya tenía un parámetro con este segundo embarazo, y podía sentir que esta bebé era muy diferente a su hermana. Me cansaba mucho más rápido, tuve muchísimas más molestias y sentía cómo mi bebé absorbía todas mis energías minuto a minuto.

Desde un principio, mi esposo y yo quisimos que este parto fuera natural, por lo que decidimos que me lo indujeran para así poder tener “todo bajo control” (según nosotros). Cuando cumplí 38 semanas exactas de embarazo, dos semanas antes de su fecha probable, me indujeron el parto. Una hora después de que el proceso iniciara, el ritmo cardíaco de la bebé comenzó a bajar, y los doctores decidieron hacerme una cesárea de emergencia. Media hora después, vi a Nadine por primera vez. 

Desde su primer respiro, me vino a comprobar lo diferente que es. Fue una bebé muy demandante y muy ocurrente. Vino a romper todos mis esquemas y a demostrarme que no todo es “by the book” (contrario a mi primera experiencia como mamá con mi hija mayor). Ella iba (y todavía lo hace) a su propio ritmo, su propio tiempo, su propio estilo. Para ella, el mundo tenía que adaptarse a ella, no al revés, y me encanta.

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Ella me enseñó lo similares que podemos ser. La veo y es un espejo que me traslada a otro tiempo, aunque a veces pienso que tal vez ella a sus escasos 4 años tiene muchísima más madurez que yo a esa edad. Es una niña que llena la casa de alegría, de luz, de amor, de caricias y también las llena de rabietas, de gritos y de llantos. Puede estar feliz feliz feliz un segundo y al siguiente se le cayó su mundo y se le nubla el cielo con una gran tormenta gris. Ella es inteligente y emotiva a la vez. Ella sabe perfectamente cómo se siente en cada momento de su vida y lo puede expresar sin problema. “Estoy tristeeeeeee, abrazooooooo”, “Mamita quiero a tu lado”, “Te amo”. Ella dice sus sentimientos sin miedo alguno, sin importar la reacción que vaya a causar, para ella es importante expresarse. Y así es mi niña de en medio.

Mi esposo me dijo una vez, “cada vez que trato de entender a Nadine te entiendo a ti cada vez más. Por medio de ella he aprendido a descifrarte.”  Y es cierto.  Ambas tenemos todo el amor del mundo listo para darlo, pero somos exigentes y emocionales, y a veces no sabemos expresar bien las emociones y causamos problemas. Sin darme mucha cuenta (porque soy cuache) ocupo el mismo lugar que ella en la familia, porque soy la de en medio.

Siempre he escuchado que los hijos de en medio son complicados. Son considerados rebeldes, reservados, introvertidos, y, en algunos casos, conflictivos, resentidos y amargados. Conozco muchas familias en las cuales los hermanos de en medio son los “raros”, los “traumados” o los “inadaptados”. Pero, esto no es nada más que un mito y tengo a Nadine para comprobarlo.

De hecho, me he topado con varios artículos que lo desmienten. Los de en medio tienen muchas cualidades y, de acuerdo a estudios, ellos tienden a ser más extrovertidos y comprensivos que sus hermanos mayores y/o menores. Una teoría es que el de en medio aprende a vocalizar sus necesidades para ser oído entre sus hermanos y aprenden a ser flexibles, ya que casi siempre son arrimados a las actividades de los hermanos mayores o tienen que esperar mientras se atiende la necesidad del hermano menor. Justamente eso los hace transformarse en una persona mucho más cooperadora, abierta, paciente y confiable, con fuertes habilidades de liderazgo, comunicación, de trabajo en equipo y perseverantes. Ellos, por ser los hijos de en medio, se transforman en adultos muy independientes y seguros de sí mismos.

Y justo puedo decir que, mi instinto materno, me indica que el sol de mi casa va por ese camino. Desde el momento en que nació me di cuenta que se expresa demasiado bien y es muy decidida. Sabe qué quiere, cómo lo quiere y cuándo lo quiere, trabaja duro para lograrlo y alcanza sus propósitos. Por eso mismo, cautiva a todas las personas de su alrededor con una personalidad encantadora y simpatiquísima por lo pícara que es. Ha sido toda una aventura verla crecer y madurar junto a ella, y no cambiaría ni una sola cosa de este camino que hemos recorrido juntas. Gracias Nadine.

 

 

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