La devoción

Es octubre y lo que más me gusta de este mes es que, en Guatemala, empieza una devoción fervorosa por la Virgen del Rosario.

Me encanta que eso significa ir al centro de la ciudad, visitar a la Virgen del Rosario, apreciar la linda decoración de la Iglesia Santo Domingo e ir a comer garnachas, elotes locos, enchiladas y cuanta cosa se le antoje a uno en los puestos que caracteriza esta época. Pero además, para mí octubre significa el inicio del fin de año. Luego llega el fiambre y el San Givin en noviembre para así estar a tan solo un paso de celebrar Navidad y Año nuevo en diciembre.

En octubre me vuelvo más anuente a experimentar y dejarme llevar por lo que siento en cuanto a mi fe, para así prepararme espiritualmente para las fiestas que le siguen.

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Habrán notado que menciono mucho a Dios. Y es porque creo en la creación, en una energía suprema, en el universo, en lo que le quieran llamar. Creo en ÉL. Sin embargo, nunca me he sentido atada a una imagen ni a una oración en específico, y eso siempre me ha sido una incógnita. No le ponía mucha atención ni me quitaba el sueño pero, de vez en cuando, me daba la tarea de pensar.

En todos lados miraba que mucha gente usaba una medalla colgada en su cuello. Varias amigas súper devotas a la Virgen milagrosa, otras a la Virgen del Rosario, otros al escapulario, mi abuelita paterna devota a San Judas y yo realmente no sentía, (ni siento) la necesidad de andar con una imagen. Por lo que me preguntaba a qué se debía mi falta de “devoción”.

Me preguntaba si era algo raro que uno no tuviera ese alguien a quién acudir. Yo siempre he acudido al Creador, cuando rezo le rezo a Él y nunca a la Virgen ni a un santo, tampoco rezo novena, ni nada. Realmente para mí es sencillo el trato con Dios. Me siento agradecida y me aseguro de dar las gracias siempre, o en las ocasiones que tengo una preocupación, pido por ella y así se va prácticamente mi relación con Dios o mi fe, como quieran llamarlo. ¿Podría mejorar? definitivamente. Pero no nos desviemos, a lo que voy es, ¿a qué soy devota?

Me he hecho esta pregunta desde que empecé a percibir la devoción de otra gente. Y, aunque en un principio pensaba que no era devota a nada, recientemente me di cuenta que sí soy devota a algo. Es algo que aparece en mi vida desde que tengo edad para entender de creer en el mas allá. Desde que tengo 9 años. Hay una historia y una imagen que se me aparece a cada rato y que, como diría mi suegra, “coquetea conmigo”.

Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, mi papá murió prematuramente y sucedió lo que es natural que sucediera, que nos invadiera el miedo y la incertidumbre. Mi mamá, desde el inicio, se agarró de la mano de Dios y nos enseñó a creer en Él, en su voluntad y que si lo teníamos a Él no nos haría falta nada. Así que nadie habló del miedo que muy adentro sentíamos durante esos días.

Hasta que un día mi hermana (quién era la que mejor expresaba lo que sentía) se atrevió a tocar el tema. Nos encontrábamos en una clase de catecismo y tuvo la valentía de contar que ella tenía miedo. Ahí mismo la maestra le dijo “pon un Sagrado Corazón de Jesús en la entrada de tu casa y esa será tu protección. Donde hay un Sagrado Corazón no entra el mal”, y así fue. Esa misma tarde fuimos a buscar el Sagrado Corazón con mi mamá y encontramos uno de yeso blanco. A partir de ese día estuvo colgado en la puerta de la entrada de nuestra casa, hasta el día que mi mamá se mudó. Tengo la imagen de esa entrada con el Sagrado Corazón de Jesús perfectamente grabada en mi cabeza. Pero, honestamente, nunca le di mayor importancia, ni me colgaba la imagen del Sagrado Corazón en el cuello, ni habían imágenes alrededor de mi casa.

Pasaron los años, hasta el día que me casé. Para nuestra luna de miel, fuimos a París (sí, ya sé que ya saben)  y fuimos a la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús. Fue una experiencia muy especial , pero no despertó en mí algún sentimiento de devoción totalmente entregada.

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De nuevo pasaron los años, y en 2016 viajé a Medellin, Colombia con mis hermanos y abuela paterna. Allí visitamos muchísimos lugares lindos, entre ellos el museo de Botero. Justo a las afueras  están comerciantes vendiendo imitaciones de obras de arte de Botero y, justamente allí, frente a mis ojos, estaba una imagen del Sagrado Corazón de Jesús de Botero. Lo compré inmediatamente. Era casi que una señal.

Este año fue el de la iluminación. Un día le dije a mi esposo, “¿sabes?, yo no me considero devota a nada, pero si tuviera que escoger creo seria devota al Sagrado Corazón de Jesús”, y allí quedó. Justo íbamos en el carro y había sido un pensamiento que comuniqué en voz alta y, como cualquiera que reacciona cuando alguien dice algo random, me contestó “ahh… y ¿cuándo es el día del Sagrado Corazón de Jesús?”, a lo que contesté que no sabía, y le dimos vuelta a la página.

Un par de días después recibí un mensaje por whatsapp, era una imagen con la oración de “Acto de Consagración de la Familia al Sagrado Corazón de Jesús” de parte de una persona que considero muy especial, pero que intercambiamos comunicación muy de vez en cuando, la suegra de mi hermano.

Se lo mostré a mi esposo y le dije “¡MIRA! ¡Mira lo que me acaban de mandar!”.  Le pregunté en ese mismo momento a la suegra de mi hermano que por qué me había enviado ese mensaje, ¿qué la había movido a mandarme esa imagen en específico?. Ella me contestó “algo me dijo que te lo enviara”.

En el ultimo viaje que hicimos, el Sagrado Corazón se me aparecía por todos lados, iglesia a la que entraba, iglesia que me lo mostraba. No necesariamente tenía que estar enfrente, a veces lo tenía que buscar.  El primero que se me apareció si me impactó porque mis hijos entraron a una iglesia por traviesos, por abrir una puerta y ver que había adentro. Yo entré corriendo detrás de ellos para sacarlos, al darme la vuelta para salir, ahí estaba.

No cabe duda que Dios siempre está para nosotros. Es un Dios misericordioso, de perdón, de amor. Sus puertas están y estarán abiertas para cualquiera. Solo es de estar abiertos a los mensajes, a aceptaros y a decir sí, sí acepto tu invitación. Así como me sucedió a mí con el Sagrado Corazón.

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En nuestra última parada del viaje, por supuesto que fuimos al Sacre Coeur en Paris y traje unas medallitas para hacer una sencilla y limitada edición del Sagrado Corazón de Jesús. Aquí se las muestro. Déjenme saber si les gustaría uno.

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Siempre escribiendo porque sí y con mucho cariño…

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