40 días sin azúcar

Los que me siguen en Instagram, habrán visto hace algún tiempo que me puse un reto personal. ¿Cuál fue? Bueno, con algo súper difícil para una persona como yo. Me propuse no consumir azúcar procesada durante 40 días. Esto quiere decir que todos estos días me quité los postres y, los que me conocen, saben que eso es todo un sacrificio para mí.

Soy amante de lo dulce. Desde que tengo memoria, todos los días de mi vida, por obra de arte y magia, cae en mis manos algún tipo de postre o dulce que, seguidamente, llevo a mi boca para comérmelo sin mayor culpa. Entre mis treats favoritos están las galletas de chocolate chips (mis preferidas son las recién salidas del horno de Phillipa & Kai), Oreo’s (mejor si son las gringas, el empaque las delata), galletas de avena (me gustan mucho las de Pricesmart), donas (tengo preferencia por las donas de Dunkin Donuts, porque me recuerdan a mi niñez feliz en Miami), macaroons (Cakes and Bakes.gt), palmeritas bañadas en chocolate de la San Martín, los helados Eyespop (el de té chai y almendra o el de café) y cupcakes (también de Pricesmart). ¡Ah! Pero aparte, no puedo dejar de mencionar en esta lista algunos de mis postres predilectos como los Oreo madness de Fridays’, las crepes de Saul (mi preferida la dolce vitta), el pastel crunch y la magdalena de The Cookie Shop, el suspiro limeño de Melí Meló, por mencionar algunos. En fin, como verán, soy una gran adicta a los postres y no discrimino. Para las sugar lovers, como yo, les copio algunas fotos de los lugares y postres que mencioné, así no sufro sola.

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Pero, ¿para qué sufrir? ¿por qué limitar mi consumo de azúcar? ¿por qué ponerme un reto tan complicado y engorroso? Fácil, porque quería probarme a mí misma que sí puedo vivir sin postres. Quería vencer el típico pensamiento de “me muero si no como dulce”. Quería decirle a mi cabeza, de una vez por todas, “sí puedo”. Muchas veces nuestra propia mente nos detiene y nos limita de hacer cosas maravillosas, todo por pensar que “no podemos”. ¿Y qué cosas supuestamente “no” podemos? ¡De todo! Desde superar miedos, hasta vivir sin algo. Nuestra mente nos engaña y nos dice que no podemos salir de nuestra zona de confort y superar una meta.

Pero hoy les digo que sí se puede. Sí se puede lograr lo que ustedes se propongan, sí se puede vencer miedos, sí se puede aprender una técnica nueva, sí se puede cambiar de hábitos. SÍ se puede. Yo logré pasar 40 días sin azúcar. Realmente lo difícil está en tener fuerza de voluntad, constancia y determinación. Nos toca meditar y analizar qué nos funciona a nosotros mismos para cumplir nuestros retos, ¿será alguna técnica en específico? ¿Escribir? ¿ponernos recordatorios en el celular? ¿bajar algún tipo de aplicación? ¿qué podemos hacer para lograr alcanzar esas metas que tanto nos cuestan? Le toca a cada quién analizarse a sí mismo y buscar cómo lograrlo.

En mi caso, el día que decidí quitarme el azúcar pensé “¿cómo puedo comprometerme a hacer algo como esto?”. Luego de reflexionar un rato, pensé “la única forma de lograrlo es poniéndome la presión de anunciar que lo voy hacer”.  Así que eso hice. Lo publiqué un día en mi Instagram y todos ustedes fueron testigos del reto que me estaba dando a mi misma.

Por eso mismo, todos ustedes fueron gran parte de este reto. Muchos me animaron a hacerlo con palabras de apoyo, mientras que otros, muy curiosos, me preguntaban a cada rato cómo iba, y otros me ayudaron y acompañaron al ponerse la misma meta. Creé cuatro grupos de mensaje directo en Instagram para que nos apoyáramos y motiváramos unos con otros. Por otro lado, hubo ciertas personas que me molestaron y dijeron que no lo iba a lograr. De hecho hice una encuesta en Instagram en la cual les preguntaba si creían que lo lograría o no. Estuvo reñida y cerca del 40% de las personas me contestaron que “no” y el 60% que sí.

¿Por qué les cuento esto? Porque me parece curioso cómo funciona la vida y cómo, de una u otra forma, podemos llevarla en paz, sea la situación que sea. Van a haber situaciones en las que las personas creerán en nosotros, otras en que les será indiferente la situación y las últimas, por alguna razón, van a estar totalmente en contra de las cosas que hagamos o las metas que nos planteemos.

Así es la vida y así será siempre. Pero, lo más importante en todo esto, no es lo que los demás piensen. Es que uno crea en uno mismo. Por muy cliché que suene, si creemos en nosotros mismos y en el famoso “sí puedo”, no habrá nada ni nadie que nos detenga. Además, otra cosa que funciona, es no tomarse las cosas tan personales. Por ejemplo, con este mi reto, me di cuenta que tal vez habían ciertas personas que me desanimaban y me decían que no lo hiciera, no por maldad, sino porque seguramente habrán tenido una razón totalmente válida para recomendarme no hacerlo, una mala experiencia o algo por el estilo, pero nada en contra mío.

Ahora, para los que me preguntan, ¿Me costó?  Sí, me costo pero pienso que no mucho.  Me costó porque el antojo sigue ahí, a pesar de que mi cuerpo no ha comido postres, ni frescos o gaseosas, ni bebidas tipo coctel, las sigue deseando. En mi experiencia de los cuarenta días, el antojo no desistió. Sin embargo, no me costó porque no me quite los carbohidratos que muchas veces pensamos que quitarnos el azúcar significa quitarnos todoooooo.  Seguí comiendo fruta, pastas, tortillas, poporopos (es un buen intercambio de lo dulce en las piñatas), y no me sentía “a dieta”, cosa que hace que la mente te sabotee. Hay que pensar en positivo.  La realidad es que nunca estuve a dieta, únicamente no estaba comiendo dulce. Entonces, en ese sentido, no me costó.

Así que, no lo piensen más. Ya se los he dicho mil veces, pero se los vuelvo a decir, atrévanse a hacer las cosas, les digan lo que les digan. Puede ser desde quitarse el azúcar por motivos de salud, hasta hacer ejercicio todos los días, o hacerle frente a esa idea que tanto hemos maquinado en nuestra cabeza.  ¡Adelante con los sueños, los retos y las ideas!

Con mucho cariño,

Cris

 

 

 

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